Explicación detallada
Dos averías que empiezan con el mismo síntoma
Que el depósito de expansión baje puede significar algo tan simple como un manguito agrietado o algo tan serio como una junta de culata. La primera es una fuga externa: deja rastro, se localiza enseguida y se arregla con cifras de entre 80 y 500 €. La segunda no deja charco porque el líquido se pierde dentro del motor, y si se ignora puede terminar costando diez veces más.
Por qué en Lugo las fugas aparecen en invierno
Los manguitos y las juntas de goma sufren con los contrastes: noches bajo cero, arranque en frío, motor a temperatura al poco rato en la autovía y otra vez a enfriarse. Esa gimnasia acaba cuarteando la goma y aflojando abrazaderas. También vemos radiadores con las aletas deshechas en coches que ruedan mucho por carreteras con gravilla. Y un clásico: circuitos rellenados con agua del grifo durante años, con el líquido tan rebajado que ya no protege ni contra la helada ni contra la corrosión interna.
La prueba que evita cambiar piezas a ciegas
Montamos en la boca del depósito una bomba con manómetro y subimos a la presión que el circuito aguanta en marcha, entre 1 y 1,5 bar. Si la aguja se queda quieta, no hay fuga, y el calentón tiene otro origen, como el termostato, el ventilador o un sensor. Si baja rápido, buscamos el goteo. Si baja poco a poco sin rastro de líquido, sospechamos de fuga interna y lo confirmamos con un reactivo que cambia de color cuando detecta gases de combustión en el refrigerante.
Cuando la culpable es la junta de culata
Esta junta separa tres cosas que no deben mezclarse: aceite, refrigerante y los gases de cada cilindro. Si falla, lo notas de varias maneras. Puede aparecer una pasta marrón clara bajo el tapón del aceite, el depósito puede burbujear con el motor en marcha o puede salir humo blanco que no desaparece al calentar.
Repararla lleva trabajo. Hay que desmontar la parte alta del motor, llevar la culata a comprobar si el calor la ha combado y rectificarla si hace falta. Después se monta junta nueva con tornillos nuevos, porque los de culata son de un solo uso y se aprietan por fases con dinamométrica y goniómetro. Son uno o dos días y entre 1.200 y 2.500 €.
El error de ir tirando
La historia suele ser la misma: se enciende el aviso, se echa un poco de líquido y el coche sigue haciendo kilómetros. Cada calentón deforma un poco más la culata y castiga cojinetes y segmentos. Un diagnóstico temprano cuesta poco al lado de un motor entero.