Explicación detallada

Cuando el coche avisa con el frío

Muchos coches de la provincia duermen en la calle o en un cobertizo de aldea, y las mañanas de helada son el examen que no perdona a un sistema de arranque cansado. Un diésel con calentadores gastados da vueltas de motor de más, deja una nube blanca detrás y huele a gasóleo hasta que coge temperatura. En gasolina el aviso es otro: el motor tiembla en ralentí, parece que va a calarse en la Ronda da Muralla y se enciende el testigo de avería.

Qué hace cada pieza

El motor de gasolina necesita que salte una chispa en el momento justo. De eso se encargan las bobinas, normalmente una por cilindro en los motores actuales, que elevan la tensión de la batería hasta miles de voltios para la bujía.

El diésel no usa chispa: el aire comprimido se calienta tanto que el gasóleo arde solo al inyectarse. El problema es que con el bloque a dos o tres grados bajo cero esa compresión no calienta lo suficiente. Los calentadores son varillas que se ponen al rojo unos segundos antes y después de arrancar para que la primera combustión sea limpia. Cuando uno deja de funcionar, ese cilindro tarda en sumarse y el arranque se vuelve torpe.

Medir antes de pedir recambio

La centralita guarda pistas, pero no siempre acusa a la pieza correcta. Un P0300 indica fallos de combustión repartidos, que pueden venir de admisión, inyección o compresión, no solo del encendido. Por eso, además de leer códigos, medimos la resistencia de cada bobina y el consumo real de cada calentador con el motor parado. También comprobamos el relé o módulo de precalentamiento, que a veces es el culpable y deja sin corriente a varias unidades sanas a la vez.

El calentador que no quiere salir

En los diésel veteranos que abundan por aquí, con 250.000 o 300.000 km, el calentador lleva muchos años a temperatura dentro de una culata de aluminio y la rosca acaba pegándose. Forzarlo con prisa puede partirlo, y entonces hay que taladrar el resto sin que caiga al cilindro, un trabajo largo y caro. Lo aflojamos con calor, penetrante y par controlado, poco a poco. Si vemos que alguno se resiste más de la cuenta te lo decimos antes de seguir, porque ahí puede alargarse la mano de obra.

Una sola unidad o el juego

No hay regla fija. Con pocos kilómetros cambiamos la pieza averiada y listo. En motores muy rodados lo razonable suele ser renovar el juego, porque el resto está al final de su vida y desmontar dos veces cuesta más que hacerlo de una vez. Te damos las dos cifras y decides.

Si tu coche empieza a costar por las mañanas, escríbenos al 644 511 474 antes de que llegue la primera helada seria.