Explicación detallada

De dónde sale la carbonilla

Todo motor de combustión deja residuos. Una parte sale por el escape y otra se queda pegada: en la cara de admisión de las válvulas, en el colector, en la válvula EGR, en los álabes del turbo y, en los diésel, en el filtro de partículas. Durante años no pasa nada visible, hasta que el aire tiene menos sitio por donde entrar, las válvulas no cierran igual de bien y el motor pierde esa alegría que tenía.

El perfil de coche que más lo acusa en Lugo

Aquí hay dos extremos. Por un lado, el coche de trayectos cortos: casa, trabajo en O Ceao o As Gándaras y vuelta, con arranques en frío casi todo el año y el motor pocas veces a temperatura. Ese acumula carbonilla deprisa, sobre todo si es diésel con EGR. Por otro, el que hace muchos kilómetros de autovía, que se limpia bastante solo con el calor sostenido. Entre medias está el diésel veterano que alterna ciudad y carreteras de montaña, con años de EGR mandando hollín a la admisión: es el candidato más claro a notar el tratamiento.

Qué hace el equipo y qué no

Conectamos la máquina a la admisión, normalmente por el manguito posterior al filtro de aire o por una toma de vacío, y con el motor encendido se dosifica el producto durante media hora larga. Viaja con el aire, pasa por la EGR, entra en la cámara, sale por el turbo y termina en el escape. Por eso llega donde un aditivo en el depósito no llega nunca.

No es magia. Si el motor tiene una avería mecánica, como un turbo con juego, un inyector que gotea o segmentos que dejan pasar aceite, la carbonilla volverá enseguida porque la causa sigue ahí. En esos casos te lo decimos antes de cobrarte un tratamiento que no va a resolver nada.

Cifras antes y después

Para que no dependa de sensaciones, tomamos datos en vivo antes de empezar: caudal de aire, presión real y pedida de turbo, temperatura de gases y posición de la EGR. Al terminar, con el motor en las mismas condiciones, repetimos las lecturas. Si hay mejora, la ves en números; si no la hay, también.

Cuándo encaja hacerlo

  • Junto al cambio de aceite: el tratamiento remueve residuos y es lógico renovar aceite y filtro después.
  • Antes de la ITV si en la última el humo o la opacidad salieron al límite. Puede ayudar a pasarla, pero no sustituye a la reparación si hay un fallo real.
  • Tras comprar un diésel de segunda mano con muchos kilómetros e historial dudoso, como punto de partida.
  • Antes de un viaje largo por la A-6 si notas el coche falto de fuerza en las subidas.