Explicación detallada
El fusible no está roto: está haciendo su trabajo
Un fusible es un hilo calibrado para fundirse cuando por el circuito pasa más corriente de la debida. Se sacrifica para que no se queme el cable ni la centralita. Si cambias el fusible y se vuelve a fundir enseguida, el exceso de corriente sigue ahí. La causa puede ser un cable pelado que toca chapa, un motor eléctrico que se ha agarrotado o un conector con agua dentro que ha creado un puente.
La tentación de poner uno de más amperios es peligrosa. Sin la protección adecuada, el que se calienta es el cable, y en el peor caso acaba ardiendo el mazo.
El agua, el primer sospechoso en Lugo
Con los meses de lluvia seguida que tenemos aquí, buena parte de las averías eléctricas que vemos tienen un origen común: humedad donde no debe haberla. Los casos más repetidos:
- Bandejas bajo el parabrisas con desagües tapados por hojas y agujas de pino. El agua sube de nivel y llega a la caja de fusibles del vano motor o se filtra al habitáculo.
- Juntas del parabrisas o del techo solar que ya no sellan. El agua baja por el pilar y termina en la caja bajo el salpicadero.
- Vadeos y caminos inundados: en pistas y carreteras secundarias no es raro atravesar agua después de un temporal.
- Condensación continua en coches que duermen a la intemperie y casi nunca llegan a secarse.
Una caja con agua no siempre falla de inmediato. Los contactos se van cubriendo de óxido y, semanas después, aparecen averías que parecen no tener relación entre sí.
Cómo encontramos el cortocircuito
Empezamos con el esquema eléctrico del modelo, para saber exactamente qué alimenta ese fusible: a veces son cinco o seis consumidores distintos. Después, con el polímetro, medimos resistencia a masa y vamos desconectando consumidores uno por uno hasta que el corto desaparece. Así se aísla el tramo concreto.
Los hallazgos más habituales: un mazo que roza contra una arista de chapa en el paso de una puerta, un conector de faro antiniebla lleno de agua, un motor de limpiaparabrisas agarrotado por el uso con hielo o un accesorio instalado a posteriori con un empalme mal aislado.
Relés: los fallos intermitentes
Cuando algo funciona unos días y otros no, lo primero que miramos son los relés. Son interruptores electromagnéticos cuyos contactos se van quemando con cada conexión. Los que más trabajan son los que más fallan:
- Bomba de combustible: el coche no arranca, aunque luces y radio van bien.
- Electroventilador: el motor se calienta parado en un atasco.
- Intermitentes y cierre centralizado: fallos erráticos.
Un relé cuesta poco y se cambia rápido. El problema es no identificarlo y quedarse tirado otra vez en la carretera.
Cuándo toca caja nueva
Si la corrosión ha afectado a varios alojamientos, hay pistas internas quemadas o la carcasa está dañada, reparar punto por punto no es fiable. Se sustituye la caja completa.
En muchos coches actuales la caja del habitáculo aloja el BCM, el módulo de carrocería que controla luces, cierre, elevalunas o limpiaparabrisas. Si se cambia, hay que codificarlo con diagnosis para que se integre con el resto de centralitas y mantenga las funciones del coche.
Si ha entrado agua, no esperes
Tras un vadeo profundo, una inundación de la bandeja del parabrisas o un lavado a presión insistente en el vano motor, abre la tapa y mira, o tráelo para revisarlo. Una limpieza con producto específico y un secado a tiempo evitan que el óxido avance y acabe dañando contactos que hoy están bien.
Si tu coche tiene fallos eléctricos que van y vienen con la lluvia, llama al 644 511 474 y lo revisamos.