Explicación detallada
Lo que tiene que aguantar un sensor aquí
Un sensor de aparcamiento es un pequeño altavoz que emite ultrasonidos y escucha el eco. Va encajado en el paragolpes, a la altura justa para recibir todo lo que salta de la carretera. En Lugo eso significa meses de lluvia, barro de caminos de aldea, sal en invierno y alguna helada que deja una película de hielo encima. No es raro que un sistema que va perfecto en agosto empiece a dar guerra en noviembre.
Y se usa mucho: aparcar en las calles del casco histórico, junto a la muralla, o en los aparcamientos llenos de As Gándaras en día de compras, sin ayuda es cuestión de centímetros.
Suciedad, conector o sensor
Antes de hablar de piezas conviene separar tres casos que suenan igual:
Suciedad o hielo en la cara del sensor. El ultrasonido rebota en la capa de barro y el sistema cree que hay algo pegado al coche. Se arregla con una buena limpieza y no cuesta nada.
Conector con humedad. Es lo más frecuente en coches de más de ocho o diez años. La junta del conector se endurece, entra agua y los terminales se oxidan. El síntoma es un fallo que va y viene según el tiempo. Limpiando y sellando el conector suele quedar resuelto por mucho menos que un sensor.
Sensor averiado. La membrana se rompe por un golpe o por una piedra, o falla la electrónica interna. Aquí sí toca sustituirlo.
Después de pasar por chapa
Otra historia muy repetida: te dan un golpe en el paragolpes, se repara y a partir de ese día los sensores no van. Durante el desmontaje se sacan de sus soportes, y al volver a montarlos puede quedar alguno torcido, con un conector sin encajar o con demasiada pintura sobre la cara vibrante. A veces basta con recolocar; otras, el sensor se dañó y hay que cambiarlo.
Cómo reparamos
Localizamos el sensor concreto, medimos alimentación y señal en su conector y seguimos el mazo por dentro del paragolpes, que es donde suelen aparecer roces. Solo cambiamos cuando la pieza está confirmada como defectuosa, y lo hacemos con Valeo, Bosch o recambio original. Si el sensor va pintado en el color de la carrocería, lo dejamos igualado. En los coches que lo requieren, damos de alta el sensor con la diagnosis.
La cámara trasera
La cámara no usa ultrasonidos sino vídeo, pero sufre lo mismo: agua. Una imagen empañada o con manchas suele ser humedad dentro de la carcasa. Una pantalla en negro apunta muchas veces al cable que se dobla cada vez que abres el portón, que acaba partiéndose por dentro. Revisamos ese tramo antes de dar por perdida la cámara.